Los niños son muy susceptibles a los cambios, cualquier pequeña modificación en sus rutinas o en su vida diaria ellos la perciben de forma mucho más fuerte que cualquier adulto, por lo tanto, el cambio de estación también suele afectarles más a ellos.

En otoño, los días empiezan a ser más pequeños, comienza a hacer más frío y llegan las lluvias, todo eso supone que los paseos y juegos en el parque sean más cortos o incluso que haya días en los cuales sólo se pueda jugar en casa por el mal tiempo.  Además, a todo esto debemos sumarle que empiezan las rutinas diarias como ir a trabajar, el inicio del curso escolar, actividades extraescolares y como no, el estrés diario de las mamás y papás para poder cuadrar horarios.

Como consecuencia podemos ver pequeños cambios en los comportamientos de los niños y de las niñas, como por ejemplo, que se encuentren más cansados y cansadas, más tristes o melancólicos y melancólicas, también puede darse el caso contrario, es decir, que estén más irritables, nerviosos o nerviosas e incluso que les cueste relajarse y dormir bien.

Estos cambios suelen durar poco, entre una o dos semanas, tiempo suficiente para que el niño o la niña se adapte a sus nuevas rutinas y a la nueva estación, por lo tanto, no es algo que nos debe preocupar mucho. Sin embargo, si que  les podemos ayudar en esta transición  estableciéndoles nuevas rutinas  y horarios a la hora de comer, del aseo y sobre todo a la hora de dormir, también siendo más comprensivos con ellos, teniendo más paciencia y poniendo especial cuidado a los cambios bruscos de temperatura para evitar posibles enfermedades.

Esperamos que este artículo os ayude a entender qué les pasa a vuestros peques estos días y que disfrutéis todos juntos de una estación tan bonita como es el OTOÑO.